Crónica: El Chozo Blanco

La tarde antes de la excursión, la duda cernía su sombra sobre las conciencias de muchos…
Pero la respuesta rotunda de quién se ofreció a llevarnos, nos sacó de ahi. Con firmeza y delicadeza, con excelencia, con experiencia.

Adelante, siempre adelante. A eso nos inspiraba.
La previsión daba nieve, y viento y lluvia y al rato nada y al otro rato mucho. Pero se ve que nuestro guía, miró por la ventana y quizá de nuevo la experiencia, le dio la certeza de seguir con la propuesta, que por cierto, llevaba la ilusión recogida de los meses previos.

Dadas las circunstancias, nos pusimos en marcha 9 aventureros en busca del lugar.
Ventisca, y niebla. Concentración a cada paso que por poner un pero, hubiésemos pasado en algunos tramos mejor con raquetas. Avance seguro con paradas para reagrupar y asegurar que todos estábamos contentos. Adelante y juntos, pero siempre adelante y siempre juntos.

Cuando llegamos a la cuerda, como era previsible, el viento intensificó su presencia pero en una de esas, el sol levantó la niebla y… ¡¡Guauuu!! nos regaló esas vistas prometidas y nos sacudió el frío de golpe. En se momento supimos por qué estamos allí. Gracias.

De ahí al Chozo Blanco 500m y allí nos presenciamos, a compartir el momento en el lugar elegido, con almendras, con dulces y sobretodo, con buena compañía. Un lugar especial, por muchas cosas: ubicación, construcción, dedicación, simplicidad y al mismo tiempo compleja estructura. Hecha con delicadeza pero con gran robustez. Merece bien la visita detenida.

De vuelta, los ánimos estaban en las amenas conversaciones y al menos yo, ni me enteré de la nueva ventisca. Sólo andé y compartí, y fui consciente de que me atreví y estaba contenta y agradecida y satisfecha…

Desde la perspectiva del calor de la lumbre, ya sin ventisca y a » toro pasado», sólo me queda agradecer a los aventureros su coraje y al guía que siga siéndolo, porque no guía sólo en la montaña, es referente y faro en el club y ejemplo de buen hacer.

Gracias guía, por llevarnos al Chozo blanco, dicho sea de paso, atravesando la blanca nieve.

Crónica de Beatriz Alonso