Garganta de Bohoyo – Belesar – Portilla de cinco Lagunas – Venteadero – Canal de los geógrafos – Laguna Grande – Plataforma.
Dudosa empezaba la semana por la previsión meteorológica, pero siempre con la mirada puesta en ir.
No me resigno, me apetece tanto, que soy capaz de atravesar la previsión de tormenta y la tormenta misma.
Entre tanto, dificultades, líos y trabas que amenazan con hacer peligrar la salida, pero repito, no me resigno, la ruta está pedida a conciencia, está sustentada sobre ilusión, está merecida como regalo… y así, como decreté en mi mente, finalmente ha sido un regalo.
Partimos la tarde del sábado a la hora del café, para con tiempo organizarnos en coches. Una vez preparado todo, salimos garganta arriba todavía con algo de calor. Poco a poco avanzamos a través del robledal, hasta aproximarnos al sonido de la garganta. Feliz, tranquila y agradecida me daba cuenta de que me sorprendía la vista y podía apreciar los detalles como si tuviera los ojos de un niñ@.
Esa tarde mis ojos se dejaban llevar y provocaban sensaciones que se graban en la retina y que salen de nuevo a la luz cuando algo siendo adultos nos trae de vuelta a ese momento.
Estaba en modo niña.
Vamos bien me digo internamente, por ambos caminos, el que caminamos hoy y el de la vida en este momento.
Con las «orejas curiosas» escucho con atención a Mercedes y sus valiosas explicaciones y así también dejo salir la niña que quiere hacer ver mediante comentarios, que vamos bien…
Me pregunto en muchos momentos ¿Quién dijo miedo? ¿A qué y por qué? Y me doy cuenta de nuestras limitaciones y el grado hasta donde pueden condicionar. Sobre todo, me doy cuenta de la naturaleza humana y sus contradicciones y de otros detalles como la envidia, pero sigo tranquila y contenta y tomo conciencia. No juzgo y siento pena por esos ratos, pero sobre todo alegría por mí, por atreverme a atravesar esas tormentas previas que se basan en nada mío y en comentarios de otros a los que el miedo venció.
Sigo adelante contenta de la temperatura, cogiendo altura, ritmo y cada vez más ilusión por conocer una parte de Gredos que lleva miles de años de historia y ninguna visita mía. Sonrío para dentro, esta noche duermo al raso. Me viene ahora Gabriel y Galán y el poema «Mi vaquerito» y su soniquete perdurará toda la noche, bajo las estrellas. ¡Qué suerte tengo! Me digo en silencio.
Paso frío durmiendo y me digo de nuevo qué suerte de volver a casa y tener tanta comodidad, qué bien te viene pasar un poco de frío y tener la oportunidad de agradecer.
Llega el sueño y con ello la luz del día, ya no es hora de dormir, ahora es hora de seguir.
Camino amaneciendo hacia el collado, en un momento estábamos viendo la inmensidad de las montañas que nos acompañan en la zona, desde otro lado y con la suficiente distancia como para reconocer su inmensidad. ¡Qué bonito! Y otra vez qué suerte, GRACIAS.
A partir de ahí, alta montaña: Portilla de cinco Lagunas con la vista al completo de las 5, risco de las Natillas, Asperón, Venteadero y vista panorámica de la Galana, Almeal de Pablo, Almanzor, Gargantón… El circo y su magia, y su presencia, y su silencio y con ello una nueva propuesta para seguir de aventuras… Sonrío por dentro y se graba en la retina.
Bajada técnica por la canal de los Geógrafos y llegada a la Laguna. Casi lo tenemos, un empujón y más que satisfechos de vuelta a buena hora al coche.
Poco más que añadir, a parte de la gratitud por la oportunidad que la vida, Mercedes Sánchez y una a sí misma se regala atreviéndose. El que quiera más detalles que atraviese sus tormentas y suba, yo no sé explicarlo mejor.
Termino como empecé, con un poco de inspiración.
Unamuno, Cela, Alfonso XIII y muchos más… descubrieron las montañas de silencio en esta ruta.
Cierro curso, ciclo y sigo. Con la lección aprendida y trascendido el miedo, eso sí que es hacer cumbre.
Pd (cuidado con la bajada, que esa aún no la tengo aprendida).
Feliz verano desde «GREDOS, el corazón pétreo de España» (Miguel de Unamuno).