Crónica: Huellas Glaciares La Serrota

Que la llama soledad, quizás será esa tenue mirada que fija su horizonte allá donde la vista no alcanza y deja atrás los lugares de paso. Sin tiempo al tiempo ni necesidad de ello. Los coches no cesan, a cada lado, mires por donde mires. Pero aquí estoy. Y seguiré. Como el silencio en la noche. Tranquilx, te espero.

Así y con todo vive La Serrota. Un espacio de reflexión. De ritmo lento. La montaña del olvido que queda para el recuerdo. Y es que su corazón sigue latiendo a un ritmo encantador. Valles que siguen el son del agua, faldas que conviven con la fresca pradera de las fieles compañeras tras su gélido invierno negras avileñas envueltos en mar de piornos que esperan su turno para salpicar su luminosa tonalidad como si rayos de sol incandescentes se tratara. Atrás quedaran sus blancas miradas, siluetas maquilladas por la
fresca brisa que empaña sus fugaces líneas. Es el tiempo de tu sonrisa. Momento para ponerte de gala: la primavera en casa.

Un homenaje para lugares sacados de cuento. Un espíritu de explorar lo desconocido. Un momento para ti y el silencio. Donde el mundo exterior no existe. La entrada al infinito, pero esta vez acompañadx. ente, no te fallo. Y así una mañana de abril, al alba, la comunidad montañera de Gredos más especial que pueden custodiar sus montañas bajo el nombre de Azagaya-Gredos 17 compañerxs fueron tras las huellas de los  gigantes de La Serrota. Un camino de superación y constancia. De retos por delante. Y de ilusiones compartidas. Un destino preparado, el paisaje glaciar.

Punto para respirar. Momento para saborear el recuerdo. Al frente, la Majada de Majaramojos, cuyos largos días han forjado el espíritu serrano de sus gentes, adheridas a su territorio, mimando el paisaje que vemos y con ello la sabiduría de plasmar y fraguar la cultura serrana abulense. Ejemplo y tesón de una vida dedicada al cuidado de la cabaña ganadera, de viajes en búsqueda de las fértiles tierras extremeñas al tiempo que se emprendía el camino de vuelta. Cuantos recuerdos atesoran este valle. Que no abre visto compañerx…

Un horizonte fijado. El Glaciar de Las Serradillas. Una vista al pasado. El hielo cobra vida. Sus crestas te observan. El circo que te invita a este espectáculo. Llega el momento de alcanzar su antigua laguna. No es agua lo que reluce.

De paso en paso. La mirada al norte. El escondido valle del Alto Adaja asomándose sigilosamente. Susurra estas cerca. Te veo. Un telón se abre de nuevo. Glaciar de La Honda. Sus formas y caprichos no dejan indiferente a nadie. Atesora vida. Te invito a descubrirme. Con cuidado. Aquí se encuentran los restos de una antigua laguna glaciar. Que cosas. Una más de Gredos. Esta vez la especial soy yo. Gracias por venir.

La cara norte de La Serrota. La luna pide paso al día. ¿Pero aún con el sol encima? Bienvenidx a La Serrota. Glaciar de Media Luna, una joya que no necesita descanso. Una mirada para unas formas esculpidas por el arte del hielo. Le pedimos paso. Nos abre la puerta. Te abrazo. Hasta la próxima.

La brisa del demonio cobra presencia. Es La Serrota que habla. Estas en casa.

El corredor oculto y un recuerdo en el tiempo. Homenaje a los arrieros. Por aquí vendrás y te salvarás si la emboscada quieres evitar. Curiosidades de La Serrota. Pero no digas nada.

Llega el momento de sentirte en Gredos. Garganta de Los Tejos, la preciosidad de Valle Ambles que homenajea a Gredos. Quizás no fuera así… Tal vez Gredos nos tenía envidia. La cultura pastoril desborda su verde nava. Tiempo de espera y resguardo, el Chozo de pastor nos ofrece descanso. Date un tiempo. Brinda en compañía. Y disfruta del momento.

Al fondo, otro gigante nos aguarda. Glaciar de Los Tejos. Similar. También diferente. Formas caprichosas. Y únicas. Escenarios para ser contemplados. En silencio. Miradores para ti y tus pensamientos. Te imaginas… Perderte para encontrarte…

Un destino final. Mi despedida. Ha sido un placer. Pero no te irás sin descubrir algo más. Ahora te marchas, pero pronto volverás. Gracias por acompañarme. Yo te espero. Bajo la sombra de Gredos. El encajado arroyo de Los Tejos salpica su limado granito,  alvando su resistente costura y marcando un ritmo que te acompañara hasta el fin de tu día. Espera, te pongo música: el rugir de mis gargantas. Ahora disfruta. Sus vistas perderán tu mirada. Sus rincones te harán pensar que tal vez pasaste por allí. Y tras llegar a la vida humana, vuelves a poner los pies en la tierra. No para siempre. Pues este viaje te cambiara como nunca antes hubieras  imaginado. La vuelta con la mochila cargada de nuevas ilusiones, nada será igual pues pocos te reconocerán, aunque todos quieran pensar lo contrario. Fui yo que la llene de lo que tengo para darte. Un regalo. Valió la pena. Para ti y para mí.

Un viaje contigo. Un viaje juntxs. Una experiencia bajo la esencia de Azagaya. Haciendo de una mañana la ilusión preferida. Te contaría más… Primero cierra los ojos. Respira profundo. Ahora ábrelos. Acabas de cruzar el lugar en el que vivir es soñar. Si. Estas en el paraíso.

Tu mañana te devolverá al día a día. No sabrán que la llama soledad ha encendido tu corazón para el ritmo de la vida del desasosiego. Estas preparadx. Y, por favor, guarda este recuerdo pues a partir de ahora lleva el aroma del sin ti no despierto.

17 almas, 17 montañerxs, 17 amigxs… y 1000 gracias.

Crónica de Santi Úbeda